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Me casé con un comunista (Philip Roth)

Engrapado en Genérico por pino Tuesday July 29, 2008

Erwin Goldstine dice:

Vives en Estados Unidos, el país y el sistema más grande del mundo. Cierto que hay gente que las pasan de putas. ¿Acaso crees que no las pasan de putas en la Unión Soviética? Él te dice que el capitalismo es un sistema de caníbales. ¿Qué es la vida sino un sistema de caníbales? Tenemos un sistema que está en armonía con la vida. Y por eso funciona. Mira, todo lo que los comunistas dicen del capitalismo es cierto, como lo es todo lo que los capitalistas dicen del comunismo. La diferencia estriba en que nuestro sistema funciona porque se basa en la verdad del egoísmo humano, mientras que el suyo se base en un cuento de hadas sobre la hermandad de la gente. Es un cuento de hadas tan absurdo que tienen que desterrar a algunos a Siberia para que se lo crean. Para lograr que crean en su hermandad, tienen que controlar los pensamientos de la gente o liquidarla. Y entretanto, en Norteamérica, en Europa, los comunistas siguen con este cuento de hadas a pesar de que saben de qué se trata la realidad. Claro, durante cierto tiempo no lo sabes. Pero ¿qué es lo que no sabes? Conoces a los seres humanos, así que lo conoces todos. Sabes que ese cuento de hadas no puede ser posible. Cuando eres muy joven supongo que está bien. A los veinte, veintiuno, veintidós años está bien. ¿Pero luego qué? No hay ningún motivo para que una persona de inteligencia normal se trague ese cuento, este cuento de hadas del comunismo. «Haremos algo maravilloso…» Pero sabemos qué es nuestro hermano, ¿no? Es una mierda. Y sabemos lo que es nuestro amigo, ¿verdad? Pues más o menos otra mierda. Y nosotros también somos mierdas. ¿Cómo va a ser entonces un sistema maravilloso? No hace falta ser cínico ni escéptico, tan sólo la capacidad normal de observación nos dice que eso no es posible.

Rubem Fonseca: Agosto

Engrapado en Genérico por pino Wednesday July 16, 2008

Una de las cosas más gratas de este mundo es terminar un libro. Hablo de leerlo, claro, aunque no puedo dejar de suponer que la afirmación también vale para quienes hacen los libros. Hacerlos, finalizarlos, también debe ser otra manera de orgasmo; una manera aunque más artesanal, igualmente verbigracia del coito continuo que surge de cualquier relación afectiva que se tenga con las palabras, el papel, la tinta y todo eso.

En fin, lo que quiero decir es que hay una cierta clase de libros que al terminar de leerlos, tal ha sido de grande la historia, los personajes, las formas, los caminos, los modos del escritor, que quedo completamente desorientado, y sin la menor idea de hacia donde ir.

Eso me ha vuelto a pasar ahora con Agosto de Rubem Fonseca. He vuelto a quedar con esa sensación de viudez de “¿Y ahora? ¿Qué leo?”.

Qué libro tan arrecho. Y qué buen maridaje se da al unir la novela policíaca con la novela histórica.

Naturaleza muerta con odio

Engrapado en Genérico por pino Tuesday July 15, 2008

Usted no sabe lo que es el odio hasta que le cuentan esta historia. Hay una enorme tijera de jardinero en el aire, de esas de doble filo curvo y que tienen un resorte de acero en medio de la empuñadura, que de pronto queda suspendida, en el aire y en el relato. Es como una foto tirada a velocidad mil con diafragma completamente abierto. Clic y el mundo mismo está detenido en esa fracción de tiempo.


Mempo Giardinelli

Vender discos no te hace parte importante de la industria musical

Engrapado en Genérico, Música por pino Monday July 14, 2008

El mundo está lleno de cabrones que trabajan en discotiendas. De cabrones que por vender discos en alguna tienda de música especializada del país, se creen parte importante de la industria musical, o mínimo se sienten como otro de los grandes engranajes de la máquina cultural, ignorando así lo que realmente son: vulgares vendedores de discos, que si bien no están vendiendo pantaletas y sostenes en algún palacio/emporio/imperio/sultán del blummer, se debe a lo sumo, por meras circunstancias de ego y de lugar.

Estos sujetos transitan por los pasillos de esas discotiendas, se aplastan en sus cajas, generalmente sobre, por ejemplo, altos taburetes que les permitan establecer una marcada distancia vertical con los clientes de la tienda; gente que normalmente se hace el favor de dejarse guiar en una expedición hacia las profundidades de la buena música, siendo en este caso buena música: la música que les guste a ellos.

Los lentes de pasta gruesa no son obligatorios. Al igual que no lo son los ray-bans de aviador. Como tampoco son obligatorios los levi’s 505 ajustados o rectos. O los chalecos cholos. O las botas vaqueras. O los converses de colores. Nada de eso es obligatorio, repito, y mucho menos es parte de algún uniforme gremial que intente conjugar los gustos estéticos de estos sujetos, pero el ego, hummm, ése sí viene de fábrica y en abundantes cantidades, como también parecieran venir de la fábrica-madre los lentes de pasta, los rayvans colombianos, los chalecos cholos, o los converses chinos.

Ahí tú los ves pues, relativamente uniformados, siempre simpáticos con las jevitas que ya empiezan a dar señales de ser las hembras diferentes y contrarias a la maloliente manada de la música bailable. Las rebelditas de la noche a la mañana, las que cambiaron a candy-candy por Marilyn Manson si fueran los 90, o por cualquier grupito emo de ahorita. Las que entendieron anoche el significado de la palabra suicidio y desde entonces quieren vivir al borde. Ahí tú los ves derrochando amabilidad con las nenas, eyaculandoles en la cara toda su erudición musical, criticando sin piedad, construyendo templos a la buena música, e incendiando todo lo demás. Ahí tú los ves pues.

Pero con nosotros, con nosotros los hombres, la cosa es bien distinta. Hasta que no les hayamos comprado más de 4 discos de “música buena” –repito, la que les guste a ellos– y hasta que con nuestras acciones no les hayamos demostrados nuestras cualidades y nuestros minúsculos conocimientos musicales que nos hagan dignos de los discos que queramos comprar, seguiremos siendo menos que unas cucarachas con ínfulas.

Por eso: Dios bendiga a amazon.com

Como he visto seriadamente a sujetos así en varias ciudades venezolanas, puedo entonces, y sin temor a equivocarme, asumir que estos cabrones existen en todas las ciudades del país en cuya urbanidad sobreviva, luchando contra todos los males estructurales –la piratería musical y eso– y de la economía –CADIVI–, una discotienda especializada. Y si la temática es el rock o afines…

En esperanto los hay hasta por pareja. Fantasy –Valencia– también tenía o tiene su par de cabrones hediondos a incienso. Lo mismo que en Giro’s Valencia, ahora Música Cósmica, los discos son vendidos por los sabios sacerdotes musicales Siugzas. Y en Mérida, en el Giro’s de aquí, el mismo cuento absurdo, claro, con la graciosa diferencia de que las vendedoras –y a veces los tipos también– suelen andar descalzos.

La mayoría de las veces estos cabritos que venden discos en tiendas de rock o de música electrónica, comparten la característica de ser parte de una banda –seguro bien indieferente– y que mientras terminan de dar el salto a la fama, qué mejor lugar para ganarse el pan que una discotienda. Obvio, siguiendo con fidelidad el discursito ese aprendido de la integridad musical, y de lo comercial versus lo underground o independiente, en fin, es mejor quemarse -en una cd tienda de la provincia- que desaparecer -en un McDonalds-.

O sino, que lo diga la imitación barata de Bunbury que trabaja en Giro’s Mérida.

Al tipo lo conocí en Caracas hace como 5 años y andaba con el mismo cuento: el de la banda de rock nacional que “casi” está por pegarla del techo. Quieren ser independientes, fieles a sus principios, consabidamente undergrounds, pero paralelamente quieren ser famosos, y hasta, por qué no, pegar en la radio -la mega- y ganarse su primer millón.

Todavía el pana anda con la misma pinta –los levi’s, los ray-bans, las botas vaqueras– y los mismos ojitos soñadores. Denle la oportunidad, y en 10 minutos como si se tratara de un ritual de iniciación para idiotas, te ilustrará más rápido con toda la información de lo que es su banda, del estilo musical que tocan y que nada tiene que ver con Héroes del Silencio, aunque su grupo anterior se llamara, por ejemplo, qué se yo: Maldito Duende –o Avalancha–, de los planes y de los logros actuales del grupo, más adornado todavía de como lo pudiera hacer su myspace.

Y es que a los fines e intereses de los pendejos que venden discos en tiendas especializadas, estos comercios -las discotiendas- son su Latin american Idol underground: una especie de vitrina temporal para exhibirse mientras terminan de ser descubiertos. Eso sí, en ese largo, larguísimo mientras tanto, cuando te venden un puto disco y como si uno no fuera lo suficientemente digno para comprarlo, se comportan como si al hacerlo, como si al facturarte el cidi, ellos estuvieran agitando las entrañas del monstruo de la industria musical. Y ahí tú los ves pues, con la insoportable pose –y peor aún, con la retorcida idea– de que están haciendo un trabajo tan trascendental como cuando Alan Parsons cambiaba para siempre el norte de la música contemporánea en Abbey Road produciendo el Dark side of the moon.

Hacer discos, producirlos, grabarlos, y venderlos, pues sí, es más o menos la misma vaina.

…en el que siempre, siempre, ganan los alemanes

Engrapado en Genérico por pino Wednesday June 25, 2008

Gary Lineker lo dijo sabiamente así: “El fútbol es un deporte de once contra once, en el que siempre, siempre, ganan los alemanes”. Y en esta Eurocopa con todo y que no han ganado todo los partidos, están ganando los definitivos; como ahora contra Turquía, volvieron a ganar los alemanes. Espero que contra España o Rusia –mejor si es contra España–, pierdan. Mejor dicho: no ganen. Que no vuelvan a ganar quiero decir. Hablo de los alemanes, por supuesto. Ojalá y sirva de conjura –pierde Alemania– para que sea la Euro perfecta: aquella, la de la derrota del antifútbol.

The One

Engrapado en Genérico por pino Sunday June 22, 2008

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Y otras vez lo sacaron a pasear.

Engrapado en Genérico por pino Thursday June 19, 2008

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Travestismo y metrosexualidad revolucionaria

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