ecos | Laboratorio Cosmos 

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Silbando.

Engrapado en Genérico por pino Wednesday February 28, 2007

Yo me había subido unas cuadras antes y venía pensando cosas inverosímiles. Cosas como hoy es miércoles. No, no es miércoles. ¿Y si lo fuera?. Pero no lo es, además, no importa mucho que día es me decía. Entre pensamientos y mirar por la ventan iba haciendo el camino. Hacía un calor como de 30 ºC, o más. Iba dentro de una lata de color beige que no olía muy bien, y le sonaba uno de los cauchos al dar una curva. En una de las tantas paradas, subió un tipo raro, con la cara un poco extraviada. Llevaba una camisa Hawaiana, prenda que usada acá entre tanta montaña, es como andar de ruana por Honolulu. El tipo era más andino que la arepa de trigo con queso ahumado. Se sentó en el puesto que quedaba justo detrás de mí. Pero sentarse y comenzar a silbar, fue casi lo mismo. Se sentó y comenzó con algo inteligible. Después vino cachita, creo, luego, otras de Nat King Cole, no estoy completamente seguro, pero los silbidos me hacían recordar a este negro decolorado que a según cantaba jazz. Pasaron unas 4 o 5 cuadras y seguía silbando. Ni más duro, ni más bajo. Seguía con el mismo volumen y las mismas notas relativas. Relativas, porque eran aproximadas, casi daban en el tono, casi llegaban. Abordó el microbus un poco antes de la plaza Milla, y aún, por el Tulio Febres seguía silbando. De pronto hacía un ruido que imitaba a un Cordero, ruido muy apropiado para el lugar, claro está. Del cordero pasó al pianomerengue subiéndole creo que a do o, a re o, a do, total no importaba la nota, a él le daba lo mismo. El hombre era una máquina. No paraba. Primero intenté obviarlo y pensar con más volumen, pero nada. Él sonaba más fuerte que cualquier resonancia de mi caja craneal. Después me puse a tratar de identificar que canción era la que silbaba. Acerté muchas, pero no todas. Habían pasado como 7 cuadras y ya no me importaba tanto que era lo que silbaba, me importaba era saber como podía durar tanto y sin interrumpir sus melodías. Más cuadras, y seguía silbando. Ya no me era molesto. Ahora, más bien sentía que el hombre de la camisa simpática era un prodigio, y que no estaba silbando. En realidad había aprendido (o aún estaba aprendiendo) a hacer melodías con su respiración. Unas dos cuadras después, se paró, tocó el timbre de la parada, pagó con un ticket estudiantil y bajó. Era un prodigio, pero también era un embustero. Estudiante no era. Siguió silbando, se perdió entre las cadenas de un estacionamiento, pero de él no dejaron de salir sonidos. Yo me bajé un poco después. Atravesé el Bulevar de odontología, caminé cuadras abajo y desaparecí.

IX-XI

Engrapado en Poesía, 7 6 3 7 4 2 por pino Tuesday February 27, 2007

Quiero

Ahorcar tus estatuas,

incendiar tu embajada.

Escupirte pájaros

y

Dilapidar uno que otro avión.

Pero, antes quiero

decolorar tu bandera,

y abandonar tus pasos,

mientras,

a tu lado,

te vendo mi historia.

Bolivita.

Engrapado en Genérico por pino Thursday February 22, 2007

Tengo 5.000 Bolívares de vuelto en mi bolsillo derecho. No los esperaba. Entré en la librería por un libro y una revista, y llevaba el dinero justo para pagar lo que previamente había averiguado que costarían ambos en total. El libro marcaba un precio de 50.000 bolívares, y la revista 9.500. En mi bolsillo tenía un billete de 50 y otro de diez. Hablo en términos de miles, por supuesto. Aún no soy el loco que vive en Tinaquillo, y que tiene, o quizás tenía, esa forma tan particular de pedir dinero. En su lucidez llegó a conocer todas las denominaciones de la moneda, pero, sólo hasta el billete de 500 (la orquídea). Es decir, conocía desde el medio(la monedita de 25 céntimos), hasta el moradito aquel que estampaban con la cara del Bolívar con mostacho. Cuando lo conocí, El tipo no reconocía la validez de un billete de 1000, por ejemplo. Menos de los que estén por encima de éste. Quizá ya haya muerto, por culpa de la continua devaluación que inventa nuevos, coloridos y, cada vez más billetes con cifras aún más grandes. Y debe haber muerto de hambre porque, su único sustento, era mendigarle a la gente. Siempre pedía “50 bolos”. En su locura, quedó atrapado en un mundo absurdo donde su pájaro azul, era un billete naranja de 50 bolívares. Aunque aceptaba los mismos 50 bolívares, repartido entre monedas y billetes de menor denominación, su clímax era recibir en sus manos, el naranja con la cara de Andrés Bello. Pero lo más intrigante del asunto, no era su predilección por los 50 bolos, era más bien que, Bolivita (así se le conocía popularmente), siempre daba vuelto, a quien le diera más de los 50 bolívares que él estaba pidiendo. Con tono imperativo y  clara voz, siempre decía: Dame 50 bolos, y generalmente la gente que lo conocía, le daba eso; 50 bolos.

Si le dabas un billete de 100 (el marrón mierda), te entregaba un vuelto exacto de 50 bolívares, que además le servía para salir del molestoso chenche que se le rezagaba a lo largo de la jornada. Pero nunca daba de vuelto, un billete de 50 bolívares. Esos iban en el otro bolsillo. Lo mismo hacía siempre que algún desprevenido o algún visitante accidental que no conociera el sistema, le diera más de lo que él pedía. Podía dar vueltos sin problemas, hasta por la cantidad de 450 bolívares, a quien le diera una orquídea. Eso si, siempre que el canje de la orquídea, fuese al final de la tarde. Si algún manosuelta le daba 500 bolos a principio de la jornada, se arrechaba, y los rechazaba con desprecio. Si los mismos 500 bolívares se los ofertaban al final de la tarde, los aceptaba, siempre que tuviera liquidez para el vuelto, pero el desprecio, igualmente existía. Mi abuelo en aquel entonces tenía una bomba gasolinera, y a veces, en algunas tardes de viernes, le canjeaba sus billetes de 50, por el sencillo de Bolivita.

Retomando la idea original de estas palabras, recaigo en el instante en el que (sin esperarlo), me quedaban en la mano los 5.000 bolívares de vuelto por el libro y la revista. Sé que es poco dinero hoy en día, aunque irónicamente sería una cantidad impensable para Bolivita. El tipo se volvió loco por los 80. Su look se mantuvo intacto.  De cualquier manera, me quedé con 5000 bolos de trofeo, que ahora me garantizan un café vespertino. Y todo se lo debo a la carroña, a percatarme de la magulladura que tenía en su lomo, el libro que fui a comprar. Primero pensé en despreciar el que había escogido, y agarrar otro. Selección natural de lo más bonito. Reconsideré, y preferí continuar con normalidad hasta la caja, y hacerme el recién percatado del defecto del libro, frente al vendedor. Así lo hice. Manifesté públicamente mi sorpresa y descontento, y apelé a la vergüenza del otro, a la vergüenza del viejo Castro. Así pasó. Mostró pena y medio regaño a alguien ahí, supongo a quien organiza los libros. Volvió su mirada hacia y mí y me dijo: son 55.000 bolívares en total por la revista y el libro. 

Cuantos por las carnestolendas.

Engrapado en Genérico por pino Wednesday February 21, 2007

Ya casi serán las 12 de la noche y mi insomnio y yo estamos aquí, en vigilia por saber las cifras. No espero la llegada de un hada maldita, menos tengo unas uvas en la nevera enfriándose en los bordes de su viaje infinito hasta mis más profundos ácidos estomacales. Pero ¿Qué estoy esperando?, lo admito, me da un poco de vergüenza responder: Me inquieta saber cuantos se largaron con el carnaval, pero no es mi culpa sentir esto, la tradición me aprieta con sus garras. El miércoles de ceniza es para contar cuantos son los idos y excusar los pecados de los quedados. No es mi culpa repito, pero aquí sentado y abúlico por la falta de sueño que me produce la cercanía con el trabajo, me da por sentirme como el periodista que aguarda el batacazo noticioso en las puertas de “defensa civil”. ¿Cuántos son los idos este año?, ¿cómo se fueron?, ¿cuál habrá sido esta vez el final más popular?. Por ejemplo, en Mérida, los accidentes borrachos y los suicidios, fueron nuevamente las vedettes de las carnestolendas de estas ferias. Y se los digo yo, que no he salido desde el viernes en la tarde y a estas horas me veo volando sobre el Cuckoo’s Nest.

Los niños terribles (fragmento)

Engrapado en Genérico por pino Tuesday February 20, 2007

” Hay casas y existencias que asombrarían a las personas razonables. No comprenderían que un desorden que apenas si parece que va a durar quince días pueda continuar durante varios años. Pero esas casas y esas existencias problemáticas se mantiene tan campantes, numerosas, ilegales, contra lo que se podía esperar. Pero en lo que la razón no se equivocaría es en que si la fuerza de las cosas es una fuerza, ella las precipita en su caída. Los seres singulares y sus actos sociales son el encanto de un mundo plural que los expulsa. Se angustia uno por la velocidad adquirida por el ciclón en que respiran estas almas trágicas y ligeras. Esto empieza por unas niñerías; al principio no se ven más que los juegos. ”

Jean Cocteau

Por qué permite Dios que el Demonio atormente a las Criaturas.

Engrapado en Genérico por pino Sunday February 18, 2007
  1. Para que el hombre obstinado en las culpas, sirva de terror y ejemplo a otros hombres
  2. Para que los que no sean del todo malos, reciban castigo en este mundo por las culpas que cometen
  3. Para que la persona que no sea castigada del demonio, trate de reconocer a Dios y humillarse a él
  4. Para castigo de las faltas leves y procurar enmienda
  5. Para que se corrijan los hombres, viendo por sus ojos la verdad de la divina justicia
  6. Para que se pueda apreciar el gran poder de Dios
  7. Para mostrar la gran santidad de algunas criaturas
  8. Para aumentar los merecimientos de las criaturas viciadas, volviéndolas al buen camino
  9. Para purificarse más en todos los sentidos
  10. Para que las criaturas tengan el purgatorio en este mundo, y que se corrijan viendo que de tantos males pueden salir tantos bienes.

Tomado de: CAPITULO VII, “El libro de San Cipriano, Tesoro del Hechicero”.

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Engrapado en Genérico por pino Saturday February 17, 2007

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En alfanumérico.

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