Onírico
Anoche tuve un sueño hiperrealista. Muy real, demasiado real. Real por el exceso de sensaciones que me produjo, más que por lo que pueda significar y, aunque no niego que tenga algo de profético, su realidad fue más sensitiva que sicológica. Fue un sueño “raro”, que parecía responder a las líneas de un guión o, al menos, a las ideas de un cuento lleno de distopías. Me desperté muy tenso y el reloj marcaba las 4:00 am. No sé por qué los sueños más violentos y perturbadores que he tenido desde que recuerdo, siempre pasan más o menos a estas horas de la madrugada. Quizá Freud ya escribió esa respuesta y todavía me es ajena, o todo a la final, se deba por ejemplo, a la semilla de mostaza a la que Ebenezer Scrooge le achaca la razón pesadillesca de la visita del espíritu que le anuncia la llegada posterior de los otros 3 en “A Christmas Carol”. Tal vez fue lo que comí…
Recuerdo vagamente que el sueño comienza con un fade-in, y de un salto estoy en la armería que queda en la Av. 5 más arriba de la torre los Andes. Me atendía el típico gordo en guardacamisa, malaspectoso y sudoroso que, según las películas, siempre están en tiendas como esa. Estaba fumándose un cigarro largo y con su humo se le empañaban los lentes de pasta que usaba muy al estilo de Carla Tofano. El tipo era tan gordo que de él podían sacar unas 10 Tofano sin tener que matarlo. El hombre entusiastamente me ofrecía como solución a mis problemas, entre salpicaduras de saliva, una magnum 46, de cartuchos autorecargables. No sé si exista esta pistola, o si existen los cartuchos que al parecer no hace falta recargarlos, no sé mucho de armas, pero en el sueño me veía obligado a comprar una. Era el tercer año desde que la ciudad se quedó sin agua, y en las calle había una especie de guerra civil. El centro lo veía preso de las mismas imágenes que fabriqué de Londres, cuando leía 1984. Era una Mérida que en el futuro estaba casi destruida. Llegué a mi casa, que no es la misma casa en la que vivo y me senté a esperar, a esperar algo, no sé que, pero mientras lo hacia, creo que frotaba la pistola con un fervor masturbatorio muy raro, y que hasta ahora, no me conocía.
