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A la mierda con la vinotinto.

Engrapado en Genérico por pino Saturday May 26, 2007

Hay que admitirlo: Venezuela juega mal. Y juega feo también. No me atrevería a decir que lo que ayer jugó contra Honduras, era un equipo de fútbol. La venepiche carece de un esquema táctico, de un planteamiento técnico que ande; es un desastre que no funciona.

Este equipo no cuenta con mucho talento individual en sus filas. No se ve ese toque que distingue al futbolista, del tipo común que corre y tropieza accidentadamente con una pelota que, si la revienta es por miedo, y si mete un gol es por la pura casualidad. ¿Un delantero?, por Dios, no lo necesitamos. Esto del socialismo como que también exige que el juego de la venepiche sea comunista. Toque, toque, toque, que todos son iguales, ninguno debe ser mejor que el otro. Después que todos hayan tocado equitativamente la peloto es que es posible patear al arco rival.

Pero lo peor de este seudoequipo de fútbol, son los narradores de oficio. Ahora, les toca nuevamente a los poetas de meridiano. Narran y se van en leche con cualquier cosa que pase en el campo. Por ejemplo, es una proeza tocar un balón. Qué el portero la pare: ¡supremo!. Y es grandioso tirar un pase. Ah, pero los goles que marcó ayer Venezuela, no son goles comunes, no son goles de esos que entran por errores del equipo rival, no, no, los goles de la venepiche son combinaciones oníricas de Maradona, Pelé y Cruyff, donde la pelota rompe la malla y luego explota en la estratosfera. Y como no va a ser así, si ahora nuestras estrellas futbolísticas están reventando las ligas de Marrueco y Chipre.

Lo arrecho es que un solo jugador de Honduras (Carlos Pavón) dio más fútbol que los otros 21 (sí 1 roja para honduras). Marcó un tremendo gol, con pique, regate, finta y cañón, y casi marca el segundo, pero el parcializado árbitro venezolano no se atrevió a pitar el claro penal que significaba el empate.

No veía un juego de este equipo desde las eliminatorias para Alemania 2006, y creo que el fenómeno mediático, y ahora político, a diferencia del vino, se empicha con el tiempo. El equipo de ayer se parecía mucho a las selecciones que iban a tramitar los partidos hace unos 15 años. Aquellas de los 5 a 0 seguros.

Nojda apesta el equipo, apesta el embuste, apesta que para los amistosos los árbitros sean venezolanos, y apesta por encima de todo, meridiano y su narración disociada del partido.

Monty Python - International Philosophy

Engrapado en Genérico por pino Tuesday May 22, 2007

Cine de color Vs Cine a color.

Engrapado en Genérico por pino Thursday May 17, 2007

¿Sabían que en la década de los setentas y parte de los ochentas, estuvo muy de moda hacer refritos cinematográficos de clásicos del terror como: Drácula, Frankenstein, Dr. Jekyll & Mr. Hyde, Chucky, etc, en versiones alternativas dirigidas al público de color (negro como le decían en la época, afroamericano como ahora debemos decirles), y que terminaban llamandose, por ejemplo: Blacula, Blackenstein, Dr. Black & Mr. Hyde, y Black Devil Doll?. Este género hollywoodense lo terminaron bautizando, no sé si afectiva o despectivamente como: Cine de color.

Aquí una muestra, y en la página http://www.blackhorrormovies.com/ podrán ver muchas más:

blackhorrormovies.jpg

esas pequeñas cosas

Engrapado en Odios por pino Wednesday May 16, 2007

últimamente he comenzado a notar mucho, para mi desgracia, dos arquetipos de la “fauna urbana” global que en su versión criolla tienden al abortismo fashion: Los Góticos/Emos mestizos (marrones de piel pues) y los punketos gordos. Los primeros terminan pareciendo una parodia latinizada de Blacula, los segundos, sencillamente porque van en contra del punk.

Yusmary y su boca pródiga de insultos.

Engrapado en Genérico por pino Tuesday May 15, 2007

La tarde terminaba con un sol tratando de multiplicarse entre las gotas de la lluvia. Gotas que no eran gotas Eran más bien lo que en geometría distingue a un punto, de dos, de varios, de si mismo. Estaban tan juntas, tan cercanas, que al caer se estiraban en una recta corta, elástica, empapada, y mojando sin contemplación.

Cuando subí en el pájaro azul, no había comenzado a llover. Eso sí, estaba oscuro desde hacía rato. Sin embargo, ésta es una ciudad dividida en muchos municipios. Con muchos alcaldes, muchos funcionarios. Un rector. Y pareciera que tales divisiones, influyeran en el ahora caótico comportamiento de la lluvia. A veces, da la sensación como dice un profesor por ahí que “En Mérida llueve por municipios”. Y sí, aquí los aguaceros son municipales y burocráticos, y funcionan más o menos con la lógica instituida con se regulan los continuos cortes de aguas.

Pero todo iba bien.

Cercanos a la parroquia Milla, y con el aguacero crecido en furia, el autobús se tornaba más lento. Tenía que lidiar contra la corriente del agua que se escapaba de los desagües, y abrirse paso dentro de un mogote repleto de muchos carros.

¿Señol, me da la cola?, decía una voz aguda que se escondía debajo de un paraguas de winniehpooh, amarillo y rojo, pálido de tanto llevar sol. El conductor, dice sí, asiente con la cabeza. Subió Yusmary (así se llamaba la de la voz insoportable), y con ella subieron otros más. Y subió el ruido, el doloroso ruido. Yo venía pensando (como siempre) en pendejadas irrelevantes, pero pronto no pude escucharme más.

Entre los fenómenos y la gente que subieron con Yusma, subieron 2 bebés. Ambos retoños de ella, supongo. Gritaban con el mismo descontrol genético y la misma agudeza insoportable. “sientate carajito‘el coño, que te voy a reventar el culo a palo si no haces lo que yo digo… Coño!!”, le decía Yusma al más pequeño.

Me faltaba poco para llegar. Pero ahora el tráfico iba más lento.

Para entretenerme y sobrevivir al lugar, me puse a escuchar con atención en el ruido indescifrable que producían Yusmary y sus vástagos, una extraña voz, grosera y maldecidora, que sonaba como la del Comandante Cobra. El dueño de la voz era un niño a la distancia, pero poniéndole atención, era algo que no fue. Un carro que se accidentó a pocos metros de donde salió. Era un hombre atrapado en el cuerpo de un niño. No era un enano. Alguna maldición, o el hambre maldita lo deben haber enjaulado en el compacto vehículo de su anatomía. De pronto pidió silencio, y de su celular empezó a leer un mensaje que le habían enviado con una oración. Y hubo silencio.

Accidentadamente empezó a leer lo que parecía ser una parábola. La luz de la colorida y amplia pantalla LCD le iluminaba tanto la cara, que pude convencerme de que era un hombre atrofiado, y no un niño con una traqueotomía. “Amen” dijeron los de su clica cuando terminó de leer.

Yo miraba por uno de los espejos retrovisores cuando noté que una vieja y latosa camioneta pikup se recostaba demasiado contra el autobús. Sonó un duro estruendo, un ruido industrial y los asientos se sacudieron un poco. Entre eso, el mayor de los niños, que hace rato había decidido jugar a correr entre los tubos y los asientos del pasillo, se resbaló, pero uno de los asientos amortiguó su caída. Igualmente gritó con una arreechera tremenda, y se le destapó una furia que se notaba era muy vieja.

El chofer se bajó. Se dijeron las cosas típicas; que es tu culpa, que es la tuya, aprende a manejar. Esperemos a tránsito, dijo el más sensato. Pero como la lluvia caía más fuerte, los dos conductores se resguardaron en sus vehículos, y por la ventana se gritaban. “Yusmary el niño”, decía una voz que no supe al fin de dónde venía. A ella poco le importó el carajito. Por algún reflejo, no sé exactamente por qué, pero algo hizo que se agarrara el peo del choque para ella, y caminó hasta la última ventana del largo autobús. Sacó la cabeza y el paraguas, y vomitó insulto tras insulto como por unos 10 minutos contra un viejo que sólo gritaba senilmente: “Esto lo sabrá el rector de ULA”. Yusmary no sé si lo escuchaba, seguía gritándole más rabiosa, descontrolada, sin pausas y sin dudas cosas como: “viejomaldito, sapo, coñoetumadre, te voy a reventar (como antes le ofreció al niño) la cabeza a palos con este paragua, marico, viejo desgraciado, perrosucio, maldito, marico, guevon, sapo, sapo, cagao, vente paque veas como te doy unos coñazos[…]”.

Esas frases las repetió varias veces. También dijo otras cosas que no logré memorizar, y supongo que el viejo a la final se intimidó con la violencia que poseía el cuerpo de esa mujer que escasamente llegaba al metro y medio de tamaño, y a unos 50 kilogramos de peso. La camioneta arrancó apuradamente y se fue, y el autobús hizo lo mismo.

Sin embargo, una Yusmary contenta y victoriosa, gritaba de alegría con un cierto tono de locura: Gané!, Gané otra vez.

la llama violeta te envualva en su manto

Engrapado en Genérico por pino Tuesday May 8, 2007

lallamavioleta.jpg

Salvemos al verbo poner

Engrapado en Genérico por pino Wednesday May 2, 2007

Sé que no estoy descubriendo el agua caliente, y esta rueda que rueda y rueda como pan y canela, tiene rato en la cabeza de muchos que antes que yo, tratan de hacerle resistencia a la muerte inexorable del verbo poner. El arcaico verbo poner ¿Alguien lo recuerda?. Yo sí, y ahora lo uso anárquicamente para revelarme contra todos los autómatas que quedaron afectados para siempre, con la maldita frase escolar, dicha por maestra gorda y sudorosa y en tono regañón, cuando alguien se atrevía a usar el verbo “poner”, y que mentaba que: Las que ponen son las gallinas.

Colocar un burro. Yo pongo, tu pones, él pone, nosotros ponemos, etcétera pone.

Es cierto, hay acepciones donde o se pone, o se coloca algo, pero hoy en día, sea cual sea la razón o situación es, sólo colocar. Y es tanta la estupidez generalizada en estos menesteres, que otros verbos que nada ponen, salen salpicados por esta actitud maniática de excluir de nuestra tan maltratada lengua, al clásico verbo poner.

Por ejemplo, en el diario de mayor circulación del Estado Mérida, el “Diario Frontera”, una periodista de esas que parecen que aprendieron a hablar como los loros y que sólo saben repetir, escribió que, en un hecho ocurrido en el centro de la ciudad, la acción repentina del grupo de reacción inmediata de la policía, logró colocar el guante a 2 delincuentes que intentaban darse a la fuga[…].

¿Puta pero qué sentido tiene eso (no le digo puta a la periodista, el “puta-pero” en el dialecto que hablamos acá es como: coño-pero) de que la policía logró colocarle el guante a unos chorizos que huían por el centro?. Primero-y-principal, la expresión heredada del béisbol es: echar el guante (capturar, agarrar), así que si la arrechera es contra el pobre poner, no se debe andar crucificando a otros verbos, como al pobre verbo echar, que nada tiene que ver con este asunto de no haber querido afrontar de otra manera, y sin tener que asesinar a un verbo, el hecho de que las gallinas cagan literalmente a sus huevos. No obstante, era más fisno recurrir a un eufemismo que disimulara tan vergonzosa situación, y al verbo poner le tocó pagar todos los días, el plato roto por la Gallina.

Imagínense por un momento, al padre o madre de una familia de bien, mandando al carajito a ver si la gallina cagó un huevo.

Pero, la cosa no quedó ahí, fuimos un poco más allá, como siempre hacemos en estos asuntos tan humanos y tan exterminadores. Nos colocamos a exagerar la vaina, y llegamos a un punto donde ni siquiera las gallinas ponen, porque ahora, seguro que hasta ellas colocan.

Pronto se dirán (si no es que ya se dicen) directamente cosas como: Vamos a jugar a colocarle la cola al burro. Colócate en mi lugar. No hay quien le coloque el cascabel al gato. Yo lo que quiero es colocarte en 4 (canción de los amigos invisibles). Coloco tierra de por medio. ¡Colocaste la torta!.

Pero, indirectamente también se dirán (si ahora es contra el echar, mañana puede ser contra cualquier verbo): Hoy tengo una excolocación en clase. El problema es que tu te excolocas mucho ante el peligro. No trascoloques las cosas de lugar.

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