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¿Se dice: gay o marico, negro o afrodescendiente?

Engrapado en Genérico por pino Tuesday July 10, 2007

Uno de los ismos de estos días, precisamente, se trata de rebuscar nombres que reivindiquen condiciones existenciales del hombre moderno.

A mí nadie me anda diciendo blanco en la calle, por ello, no trato a un negro de negro, ni de verde a una lechuga.

Hace rato, cuando el tema de la afrodescendencia se puso de moda, sinceramente el apelativo me pareció largo y vacío. Es algo así, tan soso e innecesario, como que si a partir de ahora y por un edicto del Comandante del amor, tengamos que tutearnos entre todos como homosapiensdescendiente para desintegrar cualquier ápice que denote racismo en nuestra jerga.

Sé que no viene al tema, pero creo que algo similar sucede cuando se le dice marico a un gay. Supongo que ahora también es un pecado de la modernidad decirle maricos a los gays, como también es pecado ser gordo, o autodestructivo/fumador/no-sano, o mente cerrada, o no usar el maldito verbo colocar en función de cualquier otro, etc.

Y hablando de gays, aquí en Mérida hay un par de maricos que no sé si por gracia o desgracia me los he encontrado varias veces en mi camino. De ellos, lo que más me sorprende es que parecen hermanos, pero sobre todo, que se comporten como una pareja. Supongo que en el caso de este género, no hay peos biológicos que impidan que un par de gays hermanos no puedan vivir su dulce historia de amor. Morales, quizá los haya, qué carajo importa.

Lo que me ladilla de esta homogenea pareja es que los carajos como que tienen una ONG para la donación rápida y gratuita del orto. Basta con verles la cara, cruzar una minúscula mirada, para que los carajos te oferten de una vez las miradas más putas que he visto en mucho rato.

Todo esto me hace recordar que, desde pequeño mi madre intentó inculcarme un raro hábito que me impedía ver con atención de taxidermista a cualquier persona rara, diferente, con anomalías, miembros faltantes, etc. Nunca pensé que la misma sentencia pesaba sobre cierto tipo de maricones.

Sin embargo,

lo que me hizo fijar mi ingenua atención sobre estos dos, no fue desafiar las enseñanzas más remotas de mi vieja. En realidad fueron dos cosas muy simples: Como dije anteriormente, lo más perturbador de esta pareja es que son demasiado parecidos. Y el segundo motivo que llamó mi ingenua atención, aunque ya no por perturbador sino más bien por circense, es que uno de ellos, el que luce de menor edad, usa un peinado donde literalmente su cabeza parece una pajarera. El carajo tiene un copete de no menos de 8 cm lejanamente inspirado en el Puma. Ni mi tía tuto cuando yo estaba carajito se lograba armar sobre sus sienes, a punta de cabellos, laca y secador, una pirámide digna de keops de tal magnitud. Un pájaro fácilmente puede ver, desde la distancia en la cabeza de este ser, un nido, y que no se arreche si lo pica y lo despeina. “Mis ojos, mis ojos”… Quién te manda pajuo.

Pero ahora que lo pienso bien, quizá esa sea la razón (los pájaros) para llevar un peinado así. Es un código, seguro que lo es. “En las pajareras habitan los pájaros”.

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