Garbage pail Kids y el día que mi mamá me jodió la vida
Pleno corazón de los años 80. El imperio había desatado por todas partes el virus de unas extrañas barajitas y franelas impresas con versiones gore de los repollitos. En Venezuela, a este fenómeno se le conoció popularmente con el nombre de “los niños de la basura”.
No sé exactamente como -creo que me los regaló una prima mayor- pero llegué a tener 3 estampas de los garbage pail kids, que ya era bastante decir para lo que significaba vivir en el pueblo de Valencia -sí, era un pueblo y aún lo es- por aquellos años.
Mi mamá me jodió la vida irreparablemente el día que, creyendose un mojón mediático aún más absurdo que el de los pitufos satánicos-y-asesinos, me rompió y me botó sin un gramo de compasión mis barajitas de los niños de la basura. El motivo, pues según los mitos religiosos de los 80, las barajitas venían con unos cupones gratuitos de LSD.
De ahí en adelante se nos encochinó la relación.
Goya lo dijo como nunca: “El sueño de la razón produce monstruos”
Y yo tengo 3 días obsesionado con este tema. No he podido pensar en otra cosa que no sea la de poder recuperar las mismas barajitas que mi mamá me rompió. He revisado todas las series en ebay y aún no logro identificar cuales eran las que yo tenía.
El LSD, o lo que es lo mismo: el cáncer de los 80
No sé si nuestros padres carecían de malicia, o por el contrario, sólo seguían al pie de la letra lo que “sugirieran” los dueños de la opinión pública de la época: la televisión -o el Oráculo de Delfos como le dice el pana Hazael- Pero sinceramente, de dónde coño puede tener sentido que una vaina tan cara, carísima, como el LSD ahora iba a venir sin costo alguno mezclado con la pega de unas barajitas. En teoría, si esto hubiese sido así, entonces éste tendría que ser el plan más estupido usado por la narcomercadotécnia para masificar el uso recreativo de los ácidos. ¿Será que los narcos -de ser remotamente cierta esta pendejada- estaban haciendo negocios a largo plazo? … Not.
Y si remotamente esto fuera así, ¿como coño íbamos a ir a comprar luego la supuesta droga? ¿dónde la venderían? ¿en cada? ¿acaso las barajitas tenían una lista con las direcciones de los dealer de cada región? ¿había que llamar al número 800 de la señora Robles para que ella fuera la gurú de nuestros viajes con el ácido lisérgico?
¡Por Dios!
Sin duda los ochentas fueron la edad media venezolana, donde la televisión con la inquisidora de Marieta Santana, y la protoexorcista de la Leda Santodomingo, jodieron a una generación de padres al llenarles la cabeza con cualquier cantidad de demonios mediáticos:
¡Cuanto oscurantismo!
¿Se acuerdan de la señora Leda Sentodomingo -ya en los 90- asegurando que la tierra era plana y cuadrada, perdon, asegurando que en Mérida, las sectas satánicas comían pudin de gato con niño durante sus misas negras, y todo esto porque, en una cueva del parque los Chorros de Milla, estaba un grafiti diabólico que así lo probaba? Pues les digo de una vez que el grafiti era la copia de un dibujo que ilustraba un vinilo de morbidangel que fue pintado por un pana sin oficio, y no por el mismo Aleister Crowley en persona.
Ahora bien, volviendo al tema del LSD, les cuento que meditando mucho sobre el asunto, creo que he conseguido al culplable:
La culpa es del negro Cirilo -el personaje de carrusel- y la traba que se metió lamiendo la pega de unas barajitas ahí. De ese capítulo en adelante, nade fue igual. El LSD, y las drogas gratuitas que, en una clase de actualización del mito de la manzana y la serpiente, se convertían inmediatamente en el nuevo instrumento de control de las masas. Osea, lo que es el cancer hoy en día. Todo da cáncer. Seguro hay estudios que aseguran que el agua es cancerígena.
Sin vaina que se pasaron de inocentes. Por su culpa, miren el peo en el que ya tenemos 9 años metidos. Pero bueno, nada menos se podía esperar de una generación que se creyó el cuento de que los pitufos, en una suerte de misa negra, habían degollado a una niña en Maracaibo. Bueno, lo justo es que después de cagarla tanto no esperen mucho de nosotros. Ésto, es mejor que lo demos por jodío de una vez.
