Si van a gastar 1 o 2 minutos, o a leer 10 párrafos para llegar a la conclusión de que soy una mierda, mejor hagamos un trato y yo se los digo de una vez: Soy una mierda. Y aunque estoy absolutamente convencido de ello desde hace un buen rato, ciertas situaciones me vuelven a poner a prueba para, rutinariamente, confirmar lo que ya sé que soy.
Mimo’s es una heladería “solidaria” bien famosa en y fuera de Mérida. Lo de solidario, bueno a parte de lo molestoso de la palabra será cosa de otros tiempos, porque, un helado de crema neutra cubierto con chocolate en 4.000 bolos no es barato. Pero la gente va, y va que jode el pelabola, sea en pareja, sea en familia con carajitos y agüela incluida, etc. También bajo del blanco neón de Mimo’s es común ver a “las amigas” secretarias que salen un rato para entre ambas, dejar bien claro que más allá de “los hombres” son unas hembras que pueden disfrutar de esos pequeños placeres de la vida.
Pero bueno, aún estamos en un país libre así que cada quien es libre de hacer de su culo un pentagrama.
Yo por mi parte no voy a Mimo’s, y nunca voy por las mismas razones. Ayer fui.
Ayer en la tarde fui y me topé con todas esas miserables razones en la cola para pagar:
El olor a mono destilado del sudor de cuanto carajito sudado sacaron a jugar para el parque la isla, mezclado en una combinación fatal del pelabola que no entiende que ser pobre y ser sucio no es una ecuación inseparable. Además, la mala atención también pesa y figura como la cuota de culpa del sitio, repartida entre las 3 pendejas malpagadas que deben lidiar con un promedio de 40 personas, recordándote –quizá sin querer- que esos 4.000 bolos de tu helado son poco para el buen trato.
El Mimo’s de ayer es uno de esa infección de locales que remodelan con la fórmula infalible de: mucho neón, foamy, tubos de metal, y colores fluorescentes chorreando páneles acrílicos alrededor de par de pantallas planas que aún apestan a crédito, sintonizadas en el canal de cable Ritmo Son.
Sin embargo,
Y es que ese prototipo de guardería tercermundista convertida en un templo de la adoración de la azúcar batida, aunque la vistan de seda, es niche. Y niche es también la gente que se acumula en ese sitio para sentir “que están disfrutando” los realitos. Yo ayer lo fui.
¿Ves que soy una mierda? No hacía falta llegar hasta aquí y decirte que ir a Mimo’s es como ir a la galería de la miseria humana pero pintada encima con un poquito de technicolor, para que terminaras de entenderlo.
Mimo’s mata cualquier forma idealizada de la pobreza por el cristianismo. Mimo’s aunque se pintorretee como una puta, es un templo donde el helado es chimbo, no es barato, y la gente es fea.
Pocicles rules.