Olga Tañón es música gay.
Hay géneros musicales que son propiedad de una condición sexual ineludible. Esta afirmación, para nada nueva, está más que vigente con la música de Olga Tañón.
Siempre tuve esa sospecha. Y cada vez estoy más próximo a convertirlo en un dogma personal. Como dije antes, los tipos que escuchan a Olga por devoción y no por aquella necesidad reproductiva tan humana son, necesariamente, Gays.
Ahora bien, cuando digo escuchar, quiero acercarme a éso, al acto de sentarse con un equipo de sonidos –valen pcs, ipod, mp3- con o sin audífonos, a disfrutar conmovida y a la vez excitadamente, de los temas de la señora sabañón.
Así lo he visto suceder recientemente en una persona X, y cierto gesto de complicidad e identificación con la desgracia femenina de una, por ejemplo, madre soltera en el tercer mundo, mientras obnubilado de placer, canta, acabando los trapos: “Ahora soy mala” no me deja otro chance que pensar que este bato es pato.
¿Y qué tipo de hombres son los que van a un concierto de Olga, viva, viva Olga? Se me ocurre que en sumo caso, dos tipos de hombres. Aclaro: cuando digo tipos hablo de géneros. El primer tipo y creo que el más común: el gay orgulloso que va divertirse y a tomar notas de los movimientos, ademanes y maneras de Olga quizás, para incorporarlos como parte de su propio show nocturno. El otro, bueno, éste sería un tipo de hombre, llamémoslos errantes de arquetipos a los que, generalmente, les toca gastar un cojonal de real en una noche que les garantice al final de la velada merenguera, el papito de una carajita que de otra manera no les pararía bolas. La cosa sería como una propaganda de visa que incluya al final “un polvo motelero después de un concierto de Olga Tañón, no tiene precio”. La tragedia del taxista promedio.
X no es taxista, pero una que otra semana llega con el Tañón subido; actitud que me ha inspirado a escribir estos párrafos que seguro no tardarán en cuestionarlos de homofóbicos. Trato con él por pura obligación. Mejor dicho, no hay trato, pero el coño de la madre, a veces tengo la pena de escucharlo cantar.
(+) Pero todo este post se ha vuelto innecesario desde el momento en el que Alex ha resumido la esencia de lo gay que es la música de Olga Tañón en la siguiente frase lapidaria:
para mi sin duda ella es la Cher de los gays venezolanos
La revista SoHo ya se consigue en Venezuela. Los números correspondientes a Diciembre y Enero los he encontrado en la librería Ludens-Mérida a 12 BsF ahorrandome 13 BsF y cuando antes la lograba comprar, me salía en 25.000. Me permito asegurarles que la revista ya la están distribuyendo en este cuartel porque trae el precio en bolívares impreso en la portada.
