ecos | Laboratorio Cosmos 

Inicio

Travestismo y metrosexualidad revolucionaria

Engrapado en Genérico por pino Thursday May 15, 2008

face2face.jpgEl tipo no busca parecerse al Ché, al guerrillero. Se busca a sí mismo dentro de la foto postal. Se busca como un émulo exacto de la imagen inmortal de Korda que todos hemos visto hasta el cansancio, estampada incluso en franelas de Zara. Aquella donde se ve el héroe, con mirada de perro heroico en plenitud de sus cualidades más estéticas y consonantes con la época: la barba a un largo que se paseaba entre lo sexy y lo negligente. La mirada esperanzada al horizonte. El mentón digno y volátil. Y unas cejas matemáticamente ordenadas que adornan las cavidades donde esos ojos soñadores miran la utopía posible desde la sierra cubana. Pues a ese instante, a ese shot revelado por los químicos capitalistas que estampan la realidad en papeles fotosensibles, es a quien anhela parecerse El Ché que Lina y las fracciones más duras de la revolución bonita, cargan de mascota decorando sus actos públicos.

Se ve que el hombre es un metrosexual revolucionario. Se ve que ese cabello está más que peinado a propósito y con secador, imitando al Ché –y a Farra Fawcett– en un incipiente corte modelo brisa tan popular luego, e injustamente achacado según las revistas de moda al boom de los Ángeles de Charlie. Igual de trabajadas se le ven las cejas, pobladas, periféricas y simétricas. Y ese mentón desafiando el horizonte utópico, cubierto por la barba en la altura perfecta, mejor dicho, en precisa exactitud con las medidas inmortales de la foto de Korda; digno, y con un gesto esquivo que, sin querer-queriendo significa “no quiero que me tomen fotos, please”.

El tipo uniformado verde guerrilla, va disfrazado, sí, pero no anda muy lejano a ese parecer-ser del guerrillero caribeño del hoy y del ayer venezolano. En su actitud cosmética, sirve como testigo ambulante de una época trasnochada que 4 o 5 enanos tratan de revivir como sea, por apetencias personales, por nostalgias liceístas, o por el todavía sobreviviente dogma de que la utopía es posible. Sin embargo, ese tipo enajenado que se viste, se peina, y se maquilla como El Ché, sus razones hoy no son muy distantes a las que hace 50 años o más, estimulaban a muchos venezolanos que decidieron aventurarse a seguir el llamado de la rebeldía en pro de la lucha armada de la época.

Y ese travestismo político-ideológico que motivó a tanta gente a irse “a la montaña” no es un invento mío, ni es del todo una cosa reprochable, como tampoco es reprochable que los adolescente de ahorita se empeñen en seguir el llamado de la muerte para poder excusarse ante la sociedad en sus afanes de ser Emos. O los que simplemente quieren convertir el mundo en una discoteca regida por las leyes del reguetón. A veces, antes de criticar y de mancillar la razones de otros hay que recordar lo aburrido que puede ser el aburrimiento.

Pero en fin, con este Ché queda más que vivo y en boga ese fashion del ser revolucionario. Cuántos no habrán como él representando el papel de este otro o del que nunca fue pero que ahora sí será.

De las cosas que más me gustaron de Entre las breñas, resaltan, precisamente la falta de razones, y lo inexistente que es el ideal político en una novela que se supone manifiesto de un evento y de unas gentes que se refugiaron en la montaña en busca de esa utopía. Se pensaría que habrían razones mayúsculas para tal aventura, bueno, y algunos las tendrían, pero los otros, la mayoría-moda, se ceñían a argumentos como estos:

mevine1.jpgY aún y metidos en el monte, entre secarse las medias, asolear las botas, darse baños de río, etcétera, se medían el largo de sus barbas, deliraban con operaciones de asalto a lo counter strike, al igual que buscaban y discutían sobre quién entre ellos era el más parecido físicamente a Fidel.

Esos eran los imprescindibles.

Powered by Wordpress, theme by Dimension 2k