Como a mucha gente –mínimo, a quienes les guste el fútbol y no esa mierda que andan jugando los franceses, los italianos y los griegos– la final, y en general, todos los partidos de la semifinal del último mundial, me dejaron arrecho, insatifecho y, sobre todo, muy inconforme, puesto que, Alemania 2006 fue la gran tarima que expuso a la vista, todo lo que significa el fútbol resultadista, el antifútbol; ése, en donde si fuera posible ganar los partidos medio gol (1/2 gol) a 0, así sería suficiente.
Pero Holanda, coño, lavando la cara de lo que es el fútbol, de lo que es ella misma: la mejor cantera de Europa, y más importante aún, expiando el bodrio del último mundial –racimo de goles para los 2 finalistas–, regresa en una gesta donde su técnico, Van Basten, plantea un equipo hasta ahora muy coherente con la metralla de goles que ese longaniza era como jugador.
Holanda es nuevamente la que si pierde, no importa, la que por encima de Alemania y Argentina en par de finales mundialista, todo el mundo recuerda románticamente, porque ok, perdieron, pero nunca dejaron de jugar lo que juegan: fútbol total y es que ¡carajo! De éso se trata esta verga. La gente paga entrada para ver fútbol, no a 11 negros corriendo con mucha potencia, torpe control y escaso talento. Como Francia, por ejemplo; selección que en la era post-Zidane naufraga lamentablemente con rumbo incierto, y eso de liberar esclavos para ponerlos a jugar, ya está claro que no le está sirviendo de mucho al astrólogo con cara de maldito-profesor-de-química.