FILU Mérida: orgía de libros.
En Mérida hay dos clases de personas: las que van a la feria del sol y las que van a la Feria Internacional del Libro Universitario.
Le escuchaba a Victor Bravo, a propósito de la presentación de 2 libros recientemente publicados por su editorial “El otro, el mismo”, que Mérida era la ciudad de Venezuela donde se vendían más libro por habitante. Ésto, con o sin estadísticas en la mano, es bastante fácil de especular. Por ejemplo, en el tiempo que llevo viviendo acá se inauguró una muy buena librería (La ballena blanca). Casi simultáneamente otra librería que, aunque tiene muchos libros, no me gusta el trato que en ella me dan (Temas), hizo un ambicioso trabajo de ampliación, mientras que en Ludens y en Nexos, exactamente iguales, siempre tienen libros como arroz picado. En suma hay 4 buenas librerías (fuera de Caracas eso es mucho decir) que funcionan todo el año y además hay FILU.
Pero esta FILU en particular ha desencadenado en mi hogar una orgía de libros sin parangón. Entre los 4 que hacemos vida en el mismo apartamento, hemos comprado toda una torre de Babel librera. A mi hermano le conseguí al fin La conjura de los necios. A mi mamá por su parte le compré una de esas novelas policiacas y de suspense que terminan ladillando a mi papá, dado que, desde el primer capítulo, estas historias suelen monopolizar la conversación del desayuno.
De las novelas que compré, comencé a leer de una vez, una de un autor que me era totalmente desconocido: Rabia, del escritor argentino Segio Bizzio. J’adore cuando abro un libro de cuya historia no sé absolutamente nada. Nada de su autor. Nada de lo que dicen los demás del libro. Todo un abismo por sortear.
Y con Rabia vuelve a ser así. Esta novela, digamos, me la trajo el Sr. Alejandro Padrón (ese man es un librero. Luis el de Ludens es el último gran librero) en vista que al leerla, todo le apuntaba que a mí me gustaría. No le di muchas vueltas al asunto y la compré.
Ahora mismo la estoy leyendo. Justo voy por la mera mitad y les digo, la novela es arrechamente buena. Por algo, es o fue “Premio Internacional de Novela de la Diversidad”. Además de que cuenta con el aval de César Aira cuando en la contraportada menciona que “Rabia es la mejor novela que leyó en los últimos años”.
“Pero aunque era lo que se dice «un tipo buenmozo», no le iba bien con las mujeres. Le gustaban hasta que abrían la boca. Él a ellas, por el contrario, les gustaba hasta que entendían que no la iba a abrir nunca. Era demasiado huraño, serio, reconcentrado. Las putas le caían mejor. Todas lo eran, con la diferencia de que las que no cobraban para acostarse con él tenían siempre cosas que decir”.
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El primer capítulo completo aquí
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1
-Cuando vos naciste yo estaba acabando…
-No te creo –dijo Rosa rièndose-, no podès acordarte de una cosa así…
Se llevaban 15 años. Rosa tenìa 25 y Jose María 40. El estaba tan enamorado que se creía capaz de todo, incluso de recordar lo que hacía cuando ella nació: ¿acababa? En esa època estaba de novio con una chica muy alta y muy flaca que se erguía cada vez que él le apoyaba una mano en la cintura; entonces parecía todavía más alta y huesuda de lo que era. La chica le llevaba una cabeza, era seseosa, usaba ropa elástica y se planchaba el pelo; a pesar de eso, tenían sexo. Jose Marìa había estado de novio todo el año con esa chica: habia 1 posibilidad en 28 de que realmente él estuviera haciendo el amor el día del nacimiento de Rosa (febrero). Lo pensó en días, no en segundos: no le alcanzaba con ignorar que “si el orgasmo durara tres minutos nadie creería en Dios”, como dice el Dr. Dyer; acertar con la memoria en unidades de tiempo tan menores, además, hubiera equivalido a probar su existencia. De todas formas era una broma, un juego. Y Rosa estaba encantada, por lo menos con la intención. Lo abrazó.
